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El evangelio de Lucas nos acerca
estas palabras de Jesús que muchos se empeñan en contrastar con las del
evangelista Mateo. Lo triste de estas comparaciones es cuando notamos cierto
interés por devaluar a Lucas por el hecho de que su texto no habla de la pobreza
de espíritu, a la que si se refiere Mateo. Es curiosa la actitud de considerar
intocables los textos bíblicos hasta el punto justo en el que nos interesa más
uno que otro; que se ajusta mejor a nuestros intereses personales. ¿No son acaso
válidas las palabras de Lucas?......
El ser pobre
posiblemente no es una garantía para ser cristiano. Tampoco lo es ser
bueno, simpático, ni mucho menos metodista, bautista, carismático o
pentecostal. Es curioso que Jesús no hace referencia al maniqueísmo, al
dualismo, ni mucho menos a los nombres de familia que las divisiones de
su iglesia han esparcido por todo el mundo.
¡Jesús habla de los
pobres! Y no una sola vez, por aquello del pretexto y el contexto. Jesús
habla de los pobres como la segunda cosa más importante cuando resume
los mandamientos en dos: Amarás a tu prójimo como a ti mismo....porque
el pobre es el más débil de nuestros prójimos, y hay que amarlo como a
nosotros mismos.
Nuestras iglesias
tienen equipos de sonido que muchos músicos -de verdad- soñarían tener,
y al mismo tiempo la pobreza nos inspira unas monedas -cuando no podemos
evitar echarlas en la bolsa de las ofrendas.
Uno de mis textos
básicos es Mateo 5. Pero hoy quiero centrar este comentario sobre las
palabras de Lucas:
¡Bienaventurados
vosotros los pobres,
porque vuestro es el
reino de Dios!
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