pensem-hi d'en Josep Meseguer 

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  El evangelio de Lucas nos acerca estas palabras de Jesús que muchos se empeñan en contrastar con las del evangelista Mateo. Lo triste de estas comparaciones es cuando notamos cierto interés por devaluar a Lucas por el hecho de que su texto no habla de la pobreza de espíritu, a la que si se refiere Mateo. Es curiosa la actitud de considerar intocables los textos bíblicos hasta el punto justo en el que nos interesa más uno que otro; que se ajusta mejor a nuestros intereses personales. ¿No son acaso válidas las palabras de Lucas?......

  El ser pobre posiblemente no es una garantía para ser cristiano. Tampoco lo es ser bueno, simpático, ni mucho menos metodista, bautista, carismático o pentecostal. Es curioso que Jesús no hace referencia al maniqueísmo, al dualismo, ni mucho menos a los nombres de familia que las divisiones de su iglesia han esparcido por todo el mundo.

  ¡Jesús habla de los pobres! Y no una sola vez, por aquello del pretexto y el contexto. Jesús habla de los pobres como la segunda cosa más importante cuando resume los mandamientos en dos: Amarás a tu prójimo como a ti mismo....porque el pobre es el más débil de nuestros  prójimos, y hay que amarlo como a nosotros mismos.

  Nuestras iglesias tienen equipos de sonido que muchos músicos -de verdad- soñarían tener, y al mismo tiempo la pobreza nos inspira unas monedas -cuando no podemos evitar  echarlas en la bolsa de las ofrendas.

  Uno de mis textos básicos es Mateo 5. Pero hoy quiero centrar este comentario sobre las palabras de Lucas:

¡Bienaventurados vosotros los pobres,

porque vuestro es el reino de Dios!