PESCADORES DE HOMBRES

Marcos 1: 16-20

 

    La evangelización no es una obsesión o una manía de los evangélicos, desde un principio cuando Jesús llamó a sus primeros colaboradores: Simón, Andrés, Jacobo y Juan les dijo que les haría pescadores de hombres, esto es mucho más que un mero proselitismo.

    No se trata de hacer adeptos a nuestra “religión” sino ser testigos de Jesús de Nazaret. Él nos ha llamado, su mensaje fascinante nos ha seducido y como los primeros discípulos, lo hemos dejado todo para servirle y seguirle. No como personas aisladas sino como comunidad, como iglesia.

    Como los primeros cristianos estamos unánimes en la oración, en el partimiento del pan, en la gratitud y alabanza, en la intercesión, en la lectura y meditación de la Palabra, en el servicio a los demás, en la atención a las viudas, a los huérfanos y a los pobres, abriendo los brazos a los extranjeros, dando de comer a los hambrientos, vistiendo los desnudos, visitando a los presos, cuidando a los enfermos y siendo de bendición para cuantos nos rodean. Siendo ejemplo de buenos esposos, buenos padres, buenos hijos, buenos ciudadanos. Predicando con palabras y con acciones. Siendo embajadores de la Palabra y heraldos de la buena nueva del Evangelio, en una palabra, pescadores.